
Me doy permiso
para sonreirle a la luna
y quedarme fascinado,
sin motivo,
como si estuviera tonto.
Me doy permiso
para sonreirte a ti,
seas quien seas,
como si fueras la luna.
Pero, sobre todo,
me doy permiso
para sonreirme a mi mismo,
no importa ni cómo esté,
ni de qué lado del espejo me encuentre.
Porque ese extraño que me mira
mientras me lavo los dientes
es, probablemente,
quien más lo necesita
y el que más se lo merece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario